martes, 25 de marzo de 2014

Primero lo primero.

Esa noche no había viento, ni luna, ni compasión.
Entraron por la puerta que da a la calle y a pesar de que había algunas personas en la calle nadie los vio pasar.
Eran cuatro.

Nunca supo los detalles.
Los vio irse. Alcanzo ver cuando uno de ellos introducía su katana en la saya.
Después de esa noche, su padre ya no le hablo nunca más.
Atendió los servicios religiosos y acompaño el cortejo fúnebre hasta el cementerio, recibió los sentidos pésames pero no fue hasta el lunes de la semana que siguió que se dio cuenta que su padre había muerto y que había sido asesinado por cuatro ninjas.
No volvió a hablar. Nunca lloro. Su rostro fue invadido por una sonrisa amplia y perenne… y a pesar de que la relación con su padre nunca fue buena sabia que la única misión de su vida por venir era la de buscar venganza.
La situación era que nunca había desarrollado las condiciones necesarias para la lucha cuerpo a cuerpo ni mucho menos el uso milenario de la katana.

Una tarde desapareció de su casa.
La madre lo busco sin suerte.

Cuando se tiene un motivo, la paciencia se hace grande. Los años son lo de menos.
Y aunque seguía careciendo de la habilidad nunca descanso en buscar los medios necesarios para llegar a ella.

Primero lo primero y lo segundo llegara.




2 comentarios: